Declaración de la Coordinación de Núcleos Comunistas (CNC)
El indicador de la indignación popular sube rápidamente en toda Europa, adquiriendo diversas formas. Una vez más en la historia, es en Francia donde se manifiesta con mayor plenitud. Sobre una olla a presión que ya se desbordó varias veces (chalecos amarillos, batalla contra la reforma de las pensiones, lucha de los agricultores, etc) la masiva protesta de los estudiantes de secundaria está recibiendo el apoyo popular, especialmente el de la clase obrera. El llamamiento de todos los sindicatos de la enseñanza, de CGT del sector público y un creciente número del sector privado a la huelga general es ya un clamor contra las políticas del gobierno y de la UE que ni la brutal represión, ni las tácticas de criminalización y de provocación por parte de policías infiltrados, pueden detener. Por ahora la movilización de los trabajadores de diferentes sectores y de representantes políticos es cada vez mayor.
En Alemania van creciendo las protestas de la juventud contra el servicio militar obligatorio destinado a convertirles en carne de cañón para la guerra contra Rusia.
En el Reino de España mientras tanto…
Pedro Sánchez: cómo vender arena en el desierto.
No cabe duda de que Pedro Sánchez es un gran prestidigitador. Lo ha demostrado en repetidas ocasiones cuando su gobierno se tambaleaba, pero con la última puesta en escena se ha superado.
Hasta hace pocas semanas, todo remaba en su contra. Ocho años ha estado gobernando para el capital contra la clase obrera, incumpliendo promesas electorales, sometido a los dictados de EE.UU y la UE, haciendo piruetas electorales de apoyo a Palestina mientras el capital sionista está presente en los fondos especulativos inmobiliarios, las farmacéuticas y, sobre todo, las fábricas de armas.
Las encuestas daban por descontado que el experimento del gobierno PSOE-Sumar estaba amortizado, con el voto de la derecha movilizado, especialmente tras los sucesos de Ceuta, y, sobre todo, con una abstención creciente de los sectores populares, hartos de comprobar que el progresismo es un cascarón vacío y que sus condiciones de vida no hacen más que empeorar.
El malestar de la clase obrera y de todos los sectores populares es una olla presión a punto de estallar, como se está viendo en todos los países de la UE. Los indicadores apuntan en la dirección de la explosión: la carestía de la vida, la insuficiencia de salarios y pensiones, la situación límite de pequeños agricultores y ganaderos, la destrucción de empleo – sobre todo en la industria- , el desmantelamiento y privatización de los servicios públicos y la materialización de la imposibilidad creciente de acceder a una vivienda. En este último ámbito se concretan las situaciones más tensas y más dramáticas: desahucios, hacinamiento o las calles cada vez más llenas de gente “sin techo”.
La responsabilidad del gobierno que lleva ocho años administrando el erario público y legislando a favor del capital, es evidente. La tan cacareada subida del SMI no ha podido ocultar que los alquileres han subido el triple que los salarios en los tres últimos años1, que quienes cobran el SMI en grandes ciudades tienen que destinar el 90% al pago de la vivienda o que los que lo cobran (más del 50% de los menores de 30 años) están excluidos incluso del acceso a las viviendas ofrecidas por el Ministerio del ramo2. Por otro lado, la represión contra las escasas movilizaciones obreras y populares no deja lugar a dudas acerca de contra quién dirige el gobierno los aparatos del Estado. Lejos de derogar leyes antiterroristas, vigentes 15 años después de la desaparición de ETA, o la Ley Mordaza, la represión obrera y popular se ha endurecido, mientras la criminalización de la movilización se extendía bajo la acusación de terrorismo.
Y de ahora en adelante, es innegable que las consecuencias de las políticas imperialistas de EE.UU y la UE, apoyadas por el Gobierno por acción u omisión, van empeorar aún más la situación de la clase obrera y sectores populares. Enumeramos algunas: la voladura del Nord Stream, las sanciones boomerang contra Rusia, la Política Agraria y las normativas de la agenda “verde”, la economía de guerra y el enorme gasto militar con el correspondiente recorte del gasto social, y ahora la meteórica subida de la energía vinculada al ataque de EE.UU y la UE a Irán. Todo concurre hacia una abrupta caída de las condiciones de vida de la clase obrera, al tiempo que las empresas energéticas se embolsan fabulosos beneficios – 20.000 millones de euros en 2026 – precisamente debido al aumento vertiginoso de los precios de los carburantes1.
Y he aquí que sobre este acumulo de material altamente inflamable aparece una chispa inesperada. Era otro desahucio, tras los más de 200.000 ejecutados – algo menos de los ejecutados con el Gobierno del PP – a lo largo de los ocho años de gobierno PSOE, primero con Podemos y después con Sumar.
Tras la ejecución del “lanzamiento” de Mari Carmen y de la enésima represión violenta de los antidisturbios contra quienes intentaban impedirlo, en cuestión de horas se organiza una acampada en Sol, remedo evidente del 15 M.
La dirige y controla el sindicato de inquilinos e inquilinas, que no tiene nada de sindicato y que es una empresa/asociación, más parecida a una organización de consumidores, de la que sus dirigentes son asalariados. Su portavoz, Fernando de los Santos Menéndez2 , vinculado familiarmente con la aristocracia y nieto de un ministro de Adolfo Suárez, figura como apoderado y administrador único de la empresa Tecnoasfalt Aglomerados con Caucho S.L. dedicada a la construcción de viviendas públicas y privadas. Ninguno de las caras más conocidas, como Alicia del Río o Valeria Recu, son personas afectadas por los desahucios. Otra de sus dirigentes, Carme Arcarazo, forma parte del Consejo Asesor del Ministerio de la Vivienda3.
Dada la relación de este “sindicato” con el Gobierno no es extraño que convocara manifestaciones en apoyo de los Decretos ante el Congreso de los Diputados – prohibidas por el Reglamento del Congreso mientras el Pleno está reunido – y profusamente convocadas por los medios de comunicación afines al Gobierno…O que CCOO y UGT se sumaran a las convocatorias.
No entramos a analizar esos Decretos. Basta decir que sólo hubieran paralizado los desahucios de personas vulnerables en el caso de que fueran promovidos por fondos buitres.
Al igual que en el 15 M o en Podemos, el lenguaje no es inocente. Si entonces se usaba el difuso vocablo de “casta” o del “1%”, ahora se habla de “rentismo” o “capitalismo rentista”, dejando entrever que hay otro capitalismo sano y y responsable.
Un dato sorprendente más. Una vez terminado el debate de los dos Decretos en el Congreso, y cuando ya se sabía que iban a ser derrotados, Pedro Sánchez realizó inesperadamente una intervención que debe considerarse como el primer acto de la próxima campaña electoral. Se dirigió a quienes iban a votar en contra de los Decretos, mordiendo el anzuelo que les había preparado, pero con el altavoz puesto hacia la calle: “Olviden por un momento el cálculo político y piensen en la gente de a pie que necesita el amparo de lo público”. El prestidigitador había conseguido endosar a Vox, PP y Junts la responsabilidad de la situación de penuria por la vivienda, cuando es él el que lleva 8 años gobernando. El objetivo estaba claro y la puesta en escena ha sido magistral. Pedro Sánchez ha vuelto a situar al PSOE con posibilidades de ganar la carrera, dejando a sus pequeños socios literalmente, a los pies de los caballos.
Más allá del cálculo electoral, puede haberse abierto la caja de los truenos.
La masividad de las manifestaciones, de la que forma parte importante el papel de los medios afines utilizados a fondo para convertir las movilizaciones en instrumentos de presión para sus objetivos políticos, ha revelado un cambio significativo en la subjetividad de las masas en la que predominaba el sentimiento de derrota y de impotencia. Los centenares de miles de personas que se ha manifestado a lo largo y ancho del Estado, no sólo clamaban contra la derecha; también denunciaban la responsabilidad del gobierno y todos sus incumplimientos. Si bien en la forma se parecía al 15 M, y eso era lo que se buscaba, la politización era, con mucho, superior. La vivienda era el desencadenante pero todos sabían que había muchas cosas más, íntimamente relacionadas: la carestía, los salarios y pensiones de miseria, la sanidad, la educación, y sobrevolando todo ello, la economía de guerra y la militarización social.
Todo ello, que hasta hace poco se sentía como una losa, empezaba a ser un objetivo de lucha. Y la pesadumbre y la impotencia quizás hayan empezado a fundirse con el calor de la gente en la calle y de la presencia masiva de la juventud. Una juventud que en no pocos casos llevaba banderas rojas, rojinegras y republicanas y que se organizó para hacer que los grupos fascistas que aparecieron en las acampadas – sin duda envalentonados por los últimos acontecimientos – salieran corriendo con el rabo entre las piernas.
Aunque la clase obrera estaba dispersa y desorganizada, los clamorosos vivas a su lucha obrera y el clamor que, reclamando una huelga general, llenó las calles al día siguiente de la votación parlamentaria, llamaba cuando menos a pensarse como trabajadores, dejando atrás slóganes como la “nube de mosquitos”, la casta o el 99% dirigidos precisamente a acabar con la identidad de clase. El anuncio de la convocatoria de huelga general por parte de CC.OO y UGT, que acaba de realizarse mientras se escribe esta Declaración, es – en el mismo sentido que venimos indicando -, una buena noticia.
Primero, no porque CC.OO y UGT hayan dejado de ser instrumentos de una parte de la burguesía contra la clase obrera, sino porque, obligados por las circunstancias y para seguir sirviendo a sus dueños, están contribuyendo a conferir el sello de clase – que tanto teme el capital – a una movilización que en principio no lo tenía.
Y después, porque, como bien sabemos, es en la organización y en la lucha cuando se dan saltos de gigante en la conciencia de las masas. Contribuir a ello es el deber de las organizaciones revolucionarias.
El derecho a la vivienda frente al muro de la propiedad privada.
La materialización del derecho a la vivienda será el eje central de la campaña electoral y se harán todo tipo de promesas.
También se habrá listados de reivindicaciones, más o menos prolijas, que pueden resumirse así: Todas las personas que viven aquí tienen derecho a un alojamiento digno y estable. Está afirmación contiene una justicia inapelable. Todo ser humano tiene derecho a tener un lugar para vivir. El asunto es que ese derecho esencial está subordinado al del capital y choca contra el muro del derecho fundamental y absolutamente prioritario en la sociedad capitalista a la propiedad privada, a transmitirla a través de la herencia, y a la libre empresa, pilares de la sociedad capitalista.
La verdadera propiedad privada, la de los medios de producción, sólo existe para una ínfima minoría, y se estableció sobre el robo violento, el expolio originario y la expropiación masiva de los pueblos. Y ese saqueo primario se reproduce una vez tras otra, garantizado por los gobiernos de turno. La victoria de los fascistas en la Guerra de España permitió, además, una gigantesca expropiación de los vencidos de todo tipo de propiedades: tierras entregadas por ley de Reforma Agraria, viviendas, empresas, ganado, etc. Los defensores de la propiedad asentaron su poder sobre un robo descomunal. El problema de la vivienda, que es un asunto vital para el proletariado, es irresoluble en el capitalismo, sobre todo en tiempos de profunda crisis como los actuales en que el capital arranca a la clase obrera todo tipo de bien público para transformarlo en negocio. En consecuencia, su solución no es un asunto de más o menos inversiones públicas, de regulación del alquiler, de la compraventa de viviendas para que no haya grandes tenedores, o la regulación del precio de la vivienda por criterios objetivos como metros cuadrados, distancia del centro de la ciudad o distancia de servicios. Si la vivienda sigue siendo una mercancía, como lo es en el capitalismo, esas mejoras son efímeras, máxime en momentos de crisis como los actuales. Además todas las reivindicaciones que tienen que ver con la vivienda presentan programas que tienen que vehicularse a través del Estado burgués; incluso las más radicales que hablan de expropiación de las casas a los especuladores.
El objetivo no puede ser otro que acabar con la propiedad privada del suelo, del capital y de las empresas constructoras; y su ejecución sólo puede realizarse tras la destrucción del Estado burgués por la revolución proletaria, por la clase obrera erigida en clase dirigente.
Esta conciencia de los objetivos reales a acometer, no invalidan, sino todo lo contrario, las luchas concretas. Pero solo la existencia del Partido Comunista, erigido como referente político de la rabia, puede apartarla del camino de la reforma y conducirla al fuego de la revolución. La clase obrera sólo puede solucionar de forma práctica, sus problemas concretos mediante el ejercicio de su dictadura , y así avanzar en el camino hacia la emancipación de la humanidad.
En definitiva, necesitamos prepararnos para tiempos cada vez más cercanos en que los prestidigitadores de turno no van a poder realizar una voladura controlada del malestar social y sacar el enésimo conejo electoral de la chistera. En definitiva, cuando la lucha de clases se juegue a vida o muerte.
1 https://cincodias.elpais.com/companias/2026-09-04/las-energeticas-dispararan-su-beneficio-en-2026-gracias-a-los-precios-record-en-gas-y-petroleo.html
2 https://www.eleconomista.es/actualidad/noticias/14017282/09/26/quien-es-fernando-de-los-santos-el-portavoz-del-sindicato-de-inquilinas-es-sobrino-de-la-marquesa-de-ibias-y-nieto-de-un-exministro-de-adolfo-suarez.html
3 https://www.mivau.gob.es/el-ministerio/sala-de-prensa/noticias/jue-15012026-1559



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