EE.UU ha atacado a Venezuela y secuestrado a su presidente Nicolás Maduro en un acto evidente de piratería criminal con el objetivo de apropiarse de su petróleo y de sus materias primas. A la espera de conocer qué vías de facilitación internas ha habido, lo que está claro es que los cubanos que integraban el equipo de seguridad del presidente lo han defendido con sus vidas. Desde aquí les rendimos homenaje, a ellos y a otros venezolanos que también cayeron defendiendo su patria.
Resulta patético escuchar que “se ha violado el derecho internacional”, viendo lo que ha ocurrido tantas veces, especialmente en Palestina. Un derecho internacional que sólo se ha respetado cuando la correlación de fuerzas lo ha impuesto y que yace sepultado bajo los escombros de la URSS. La única diferencia con Iraq, Libia o Yugoslavia es que ahora el imperialismo ni se ha molestado en construir una coartada mínimamente creíble, ni en buscar la participación de otros países.
Lo que rubrica el ataque a Venezuela es la decisión de EE.UU de hacerse con el control total de América Latina; bien a través de gobiernos títeres que ganen elecciones mediante su injerencia o provocando golpes de Estado. Es lo que establece la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU[1] de 2025 en la que China y Rusia desaparecen del primer plano como enemigos principales, para rescatar la Doctrina Monroe de 1823, que con el Corolario Roosvelt[2] de 1904, legitiman el intervencionismo de todo tipo para el control total de América. El imperio estadounidense, arruinado económicamente e incapaz de enfrentarse a Rusia y a China, afila sus garras sobre América Latina y alimenta el negocio de las armas. Es lo único que es capaz de vender y que la UE paga generosamente.
Ante este escenario en el que no se ocultan los objetivos de dominación y el empleo de cualquier método para lograrlos, la reacción cobarde de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos no augura nada bueno para la soberanía de sus pueblos. Una vez más se manifiesta claramente que sólo firmes posiciones comunistas revolucionarias y consecuentemente internacionalistas (en este caso de unidad latinoamericana) pueden ser los pilares que sostengan con la suficiente fuerza la lucha antiimperialista.
No por esperada es menos nauseabunda la posición de la Comisión Europea y de los gobiernos, es especial el del PSOE-IU-Sumar negándose a condenar el bombardeo de Venezuela y el secuestro de su presidente. Queda así más patente la desvergüenza con la que transfieren masivamente fondos públicos a los fascistas ucranianos y a las empresas armamentísticas, mientras se hunden la industria, la ganadería, la agricultura y los servicios públicos, y la miseria se extiende por los barrios obreros.
El deber de la clase trabajadora y los pueblos del mundo es construir espacios de unidad y resistencia, que con el ejemplo del pueblo palestino, identifiquen el enemigo común: EE.UU., la UE y la OTAN. Son ellos los que, con la colaboración de los gobiernos de cada país, saquean los recursos de los pueblos y atacan al mismo tiempo los derechos laborales y sociales para enriquecer con dinero público al gran capital, parapetado ahora en la industria armamentística.
No es ninguna novedad decir que Europa se derrumba, aunque El País – que más parece la orquesta del Titanic – siga repitiendo en sus editoriales “Hoy, más Europa que nunca”.
El colapso de la industria europea, el gran motor de la economía, avanza vertiginosamente. La situación de crisis abierta que se vivía desde 2008 se precipitó tras la voladura de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 en septiembre de 2022. El súbito encarecimiento de la energía, junto al impacto boomerang de las sanciones a Rusia, ha precipitado la caída del PIB industrial, el cierre de fábricas, el aumento del desempleo y la huida de numerosas empresas hacia países con menos costes, sobre todo, a China y a EEUU.
Como es evidente que la industria española no seguirá caminos diferentes de la exlocomotora europea, recordamos las palabras del presidente de la Asociación Federal de la Industria Alemana que afirmaba que se trataba de la mayor crisis de la República Federal y que se encontraba en “caída libre”. Así mismo insistía en que “no se trata de una crisis cíclica – como afirmaban los sindicatos para apaciguar a los trabajadores (!!!)– sino de un declive estructural”[3].
La colaboración de clase de los grandes sindicatos como IG Metall que, como la misma patronal reconoce, es una ayuda inestimable para mantener la paz social, ocultando las dimensiones del desastre: se pierden 10.000 empleos mensuales sólo en la industria automovilística.
Al igual que ocurre en otros países, las burocracias sindicales se afanan en mantener las luchas aisladas por territorio y sector, de forma que sea imposible una respuesta de clase conjunta, y mucho menos que la misma señale la responsabilidad de las políticas de la UE y de la OTAN.
Ante la evidencia incuestionable del alineamiento de los sindicatos integrados en la CES con las políticas de la oligarquía europea (que generosamente los financia), cada vez gana más prestigio USB (Unión Sindical de Base)
Pero no se trata sólo de Europa. Los crujidos del hundimiento del sistema de poder que consagró la hegemonía de EE.UU después de la II Guerra Mundial son ya atronadores, pese a que aún conserve su poderío militar y sea capaz de atacar países como Venezuela.
Sus pilares fundamentales fueron: el control militar y económico de Europa – la OTAN y el Plan Marshall – y la confrontación entre China y la URSS. Siguiendo la lógica del geógrafo británico Mc Kínder “quien controle el heartland euroasiático controlará el mundo”[4], la hegemonía incuestionable de Washington parecía asegurada, máxime tras el hundimiento de la URSS . El reino de la mano invisible del mercado – Mcdonalds, Silicon Valley y Hollywood – estaba asegurado por el puño de hierro, la indiscutible supremacía militar imperial[5]. Era el fin de la historia de Francis Fukuyama.
El desplome de la URSS rubricó una gran derrota para el proletariado y los movimientos de liberación del mundo, largamente gestada en las degeneradas estructuras de poder soviéticas.
Desde la desaparición del Pacto de Varsovia, quince países europeos [6] se han incorporado a la OTAN, con la oposición infructuosa de Rusia que esgrimía la traición repetida a promesas sobre la no ampliación de la Alianza hacia el este.
Ucrania debía ser la siguiente pieza en conformar el cerco de la OTAN sobre Rusia, pero llegó demasiado tarde. Otras alianzas llevaban tiempo gestándose y ampliándose basadas en el respeto a la soberanía y el beneficio mutuo. Ni más, ni menos. Los países integrados en los BRICS, ni son socialistas, ni son omnipotentes. Sólo están contribuyendo decisivamente a socavar el imperialismo anglosajón y europeo que llegó al mundo chorreando sangre y lodo y no ha dejado de hacerlo. Lo están haciendo sin provocar golpes de Estado, ni ocupar países. Desarrollan sus relaciones económicas a través de la gigantesca Ruta de la Seda, promueven el comercio en sus monedas nacionales – socavando el dominio del dólar -, todo ello basado en dos hechos decisivos:
- el poderío económico y tecnológico de China como primera potencia mundial y
- la derrota militar de la OTAN por parte de Rusia en Ucrania.
No hay duda de que el tiempo juega a favor de China y de Rusia. La loca carrera de Trump con sus aranceles frente a China no son más que palos de ciego frente a un gigante. Por otro lado, los intentos de forzar la firma de la paz en Ucrania chocan contra el muro de una Rusia que conoce su superioridad militar y armamentística. Moscú sabe perfectamente que la operación militar especial iniciada en 2022 debe marcar el final de una supremacía militar imperialista dirigida contra su existencia. La instalación de misiles “Oreshnik” en Bielorrusia, con cabezas nucleares, imposibles de interceptar y capaces de llegar a EE.UU. en 15 minutos, muestran con claridad que Rusia no sólo cuenta con suficientes armas convencionales para mantener una guerra larga contra la OTAN, sino que está dispuesta a cumplir todos los objetivos necesarios para asegurar su independencia y su soberanía.
El Rearme engendra la intensificación de la lucha de clases en la UE, con Italia a la cabeza.
El orden mundial está hundiéndose y ese es el escenario de la lucha de clases, del que no es excluible el estallido de una gran conflagración mundial.
La economía europea está en un círculo infernal. Hace décadas que la crisis en la economía productiva la van solventando los gobiernos mediante privatizaciones, rescates (como los de la banca en 2010) o subvenciones más o menos encubiertas (Covid, Fondos Next Generation, etc). En resumen, se iba manteniendo la producción capitalista mediante transferencias de dinero público; lo del libre mercado no era más que un cuento. Ahora la situación llega a un callejón sin salida. Los huevos de oro del presupuesto público van a parar a la industria armamentística privada que tiene al Estado como cliente único; es decir, salen miles de millones de euros de un presupuesto en el que cada vez entra menos vía impuestos, porque la actividad productiva se va reduciendo. Es evidente que el resultado inevitable es el recorte de gasto público para financiar una guerra perdida y contra un enemigo inventado que cada vez asusta menos. Las consecuencias han empezado a apuntar y no harán más que desarrollarse. Por un lado, el resquebrajamiento de la UE cuando cada vez más países se oponen abiertamente al envío de dinero y armas a Ucrania, así como al robo de fondos soberanos rusos depositados en la UE. Además amenazan con la ruptura si la regla de la unanimidad se rompe. Por otro, y éste es el de más trascendencia, el resurgir de las movilizaciones obreras y populares en la UE. El año 2025 se ha cerrado con huelgas generales en Bélgica, Francia, Portugal, Grecia e Italia. En todos los casos, excepto en Italia, las huelgas han sido convocadas por los grandes sindicatos y, aunque han tenido gran seguimiento, la denuncia sobre recortes de servicios públicos y derechos laborales, no se ha acompañado de la denuncia correspondiente del gasto militar.
En Italia, el sindicato Unión Sindical de Base (USB) convocó una huelga general el 28 de noviembre que paralizó el país y gigantescas movilizaciones el sábado siguiente [7]. El lema principal era: “Contra los Presupuestos de Guerra”, declarando inadmisibles el rearme, el desmesurado gasto militar y la complicidad del gobierno con el genocidio del pueblo palestino, mientras se recortan salarios y gastos sociales. La plataforma reivindicativa incluía aumento salarial, escala móvil salarial según IPC, reducción de la jornada laboral manteniendo el mismo salario, aprovechando las mayores eficiencias y plazos reducidos que permite la digitalización y las nuevas oportunidades organizativas. Y lo que es más importante, se planteaba como objetivo “la acción colectiva y de clase: trascendiendo la lógica sectorial y actuando como faro para la movilización unida”.
Asumiendo su liderazgo de las luchas obreras a escala europea, por su capacidad de convocatoria y, sobre todo, por su capacidad política de vincular la lucha contra el Rearme, con las agresiones a la clase obrera y con la solidaridad con la Resistencia palestina, los trabajadores portuarios convocan a escala europea y del Mediterráneo una huelga general para el próximo 6 de febrero [8]. Denuncian recortes en la jornada laboral con reducción salarial, recortes en el empleo por la automatización, empeoramiento de las condiciones de salud laboral y ataque a las libertades sindicales. La importancia política de esta movilización es grande, por cuanto en su comunicado apuntan directamente contra la UE y la OTAN, planteando entre otros temas:
- la oposición al plan de rearme de la UE y detener el inminente plan de la UE y de los gobiernos europeos de militarizar los puertos y la infraestructura estratégica; – bloquear todos los envíos de armas desde nuestros puertos al genocidio en Palestina y cualquier otra zona de guerra, y exigir un embargo comercial a Israel por parte de los gobiernos e instituciones locales.
Cuando la agresividad del imperialismo se intensifica y la lucha de clases se agudiza,
debemos recordar que:
- La dictadura de la burguesía imperialista, máxime en tiempos de profunda crisis capitalista, exacerba su fuerza depredadora contra la clase obrera y los pueblos.
- Frente a ella sólo una fuerza con la suficiente claridad política y determinación es capaz de generar la unidad antiimperialista imprescindible.
- Si se emprende el camino de la revolución, de la expropiación de los expropiadores, y de la construcción de nuevas relaciones sociales que acaben con la explotación del trabajo humano, sólo la dictadura del proletariado abre posibilidades de victoria.
[1]https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/la-estrategia-seguridad-nacional-de-estados-unidos
[2]https://es.wikipedia.org/wiki/Corolario_de_Roosevelt
[3]https://es.investing.com/news/stock-market-news/industria-alemana-dice-que-el-pais-sufre-la-crisis-mas-profunda-desde-la- posguerra-3417414
[4]https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_Heartland
[5]»Para que la globalización avance es imprescindible que EE.UU. actúe con toda su omnipotencia. La mano invisible del mercado jamás funcionará sin el puño invisible. Mac Donald’s no prosperará sin la MacDonnell Douglas que ha construido el F15. El puño invisible que garantiza un mundo seguro para Silicon Valley se llama, ejército, aviación, marina y Cuerpo de Marines de Estados Unidos» (Thomas Friedman. The New York Times, 28-3-1999.) Citado en
https://www.lahaine.org/est_espanol.php/estado_de_guerra_angeles_maestro_2001
[6]La República Federal Alemana ingresa en la OTAN en 1955 incumpliendo los acuerdos sobre la desmilitarización de Alemania entre la URSS, EEUU y Gran Bretaña. Tras la caída de la URSS, la RDA, tras la unificación de Alemania, también lo hace en 1990. El Pacto de Varsovia se disuelve en 1991. Documentos desclasificados de EEUU y la URSS
reflejan negociaciones para no continuar la ampliación de la OTAN hacia el este.
En 1999 se incorporan a la Alianza Polonia, Hungría y la República Checa. En 2004, lo hacen Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia. Albania y Croacia lo hacen en 2009. En 2020 ingresa Macedonia del Norte; en2023 se incorpora Finlandia y en 2024, Suecia.
[7]La vibrante crónica del éxito de esas movilizaciones, puede consultarse aquí: https://tesoro.usb.it/leggi-notizia/usb-e-la- mobilitazione-generale-contro-la-finanziaria-di-guerra-1725.html
[8]El Manifiesto de Convocatoria, brillante ejemplo, de conciencia de clase, puede consultarse aquí: Convocatoria para un Día Internacional de Acción Portuaria Conjunta 6 de febrero de 2026 – Coordinación Núcleos Comunistas
[Francés]
L’impérialisme, vaincu économiquement, plante ses griffes en Amérique latine
Les États-Unis ont attaqué le Venezuela et kidnappé son président Nicolás Maduro dans un acte évident de piraterie criminelle visant à s’approprier son pétrole et ses matières premières. En attendant de connaître les voies de facilitation internes qui ont été utilisées, ce qui est clair, c’est que les Cubains qui faisaient partie de l’équipe de sécurité du président l’ont défendu au péril de leur vie. Nous leur rendons hommage, ainsi qu’aux autres Vénézuéliens qui sont également tombés en défendant leur patrie.
Il est pathétique d’entendre dire que « le droit international a été violé », quand on voit ce qui s’est passé tant de fois, notamment en Palestine. Un droit international qui n’a été respecté que lorsque le rapport de forces l’imposait et qui repose désormais sous les décombres de l’URSS. La seule différence avec l’Irak, la Libye ou la Yougoslavie est que, cette fois-ci, l’impérialisme n’a même pas pris la peine de se construire un alibi un tant soit peu crédible, ni de rechercher la participation d’autres pays.
Ce qui caractérise l’attaque contre le Venezuela, c’est la décision des États-Unis de prendre le contrôle total de l’Amérique latine, soit par le biais de gouvernements fantoches qui remportent les élections grâce à leur ingérence, soit en provoquant des coups d’État. C’est ce que prévoit la stratégie de sécurité nationale des États-Unis[1] pour 2025, dans laquelle la Chine et la Russie disparaissent du premier plan en tant qu’ennemis principaux, afin de rétablir la doctrine Monroe de 1823 qui, avec le corollaire Roosevelt[2] de 1904, légitime l’interventionnisme de toute sorte pour le contrôle total de l’Amérique. L’empire américain, ruiné économiquement et incapable d’affronter la Russie et la Chine, plante ses griffes sur l’Amérique latine et alimente le commerce des armes. C’est la seule chose qu’il est capable de vendre et que l’UE paie généreusement.
Face à ce scénario où les objectifs de domination et le recours à tous les moyens pour les atteindre ne sont pas dissimulés, la réaction lâche des gouvernements « progressistes » latino-américains n’augure rien de bon pour la souveraineté de leurs peuples. Une fois de plus, il apparaît clairement que seules des positions communistes révolutionnaires fermes et internationalistes (dans ce cas, d’unité latino-américaine) peuvent être les piliers qui soutiennent avec suffisamment de force la lutte anti-impérialiste.
La position de la Commission européenne et des gouvernements, en particulier celle du PSOE-IU-Sumar, qui refusent de condamner le bombardement du Venezuela et l’enlèvement de son président, n’en est pas moins écœurante. Cela rend encore plus évidente la honte avec laquelle ils transfèrent massivement des fonds publics aux fascistes ukrainiens et aux entreprises d’armement, tandis que l’industrie, l’élevage, l’agriculture et les services publics s’effondrent et que la misère se répand dans les quartiers ouvriers.
Le devoir de la classe ouvrière et des peuples du monde est de construire des espaces d’unité et de résistance qui, à l’exemple du peuple palestinien, identifient l’ennemi commun : les États-Unis, l’Union européenne et l’OTAN. Ce sont eux qui, avec la collaboration des gouvernements de chaque pays, pillent les ressources des peuples et attaquent en même temps les droits sociaux et du travail afin d’enrichir le grand capital avec l’argent public, désormais destiné à l’industrie de l’armement.
Ce n’est pas une nouveauté de dire que l’Europe s’effondre, même si le journal espagnol El País – qui ressemble davantage à l’orchestre du Titanic – continue de répéter dans ses éditoriaux « Aujourd’hui, plus d’Europe que jamais».
L’effondrement de l’industrie européenne, grand moteur de l’économie, continue à un rythme vertigineux. La situation de crise ouverte qui venait de 2008 s’est précipitée après l’explosion des gazoducs Nord Stream 1 et 2 en septembre 2022. La hausse soudaine du prix de l’énergie, conjuguée à l’effet boomerang des sanctions contre la Russie, a précipité la chute du PIB industriel, la fermeture d’usines, l’augmentation du chômage et la fuite de nombreuses entreprises vers des pays où les coûts sont moins élevés, notamment la Chine et les États-Unis.
Comme il est évident que l’industrie espagnole ne suivra pas une voie différente de celle de l’ancienne locomotive européenne, nous rappelons les propos du président de l’Association fédérale de l’industrie allemande, qui affirmait qu’il s’agissait de la plus grande crise de la République fédérale et qu’elle était en « chute libre ». Il insistait également sur le fait qu’« il ne s’agit pas d’une crise cyclique – comme l’affirmaient les syndicats pour apaiser les travailleurs (!!!) – mais d’un déclin structurel »[3].
Avec la collaboration des grands syndicats comme IG Metall, qui comme le reconnaît le patronat lui-même est une aide inestimable pour maintenir la paix sociale, on cache l’ampleur du désastre : 10 000 emplois sont perdus chaque mois rien que dans l’industrie automobile. Comme dans d’autres pays, les bureaucraties syndicales s’efforcent de maintenir les luttes isolées par territoire et par secteur, de manière à rendre impossible une réponse commune de la classe ouvrière, et encore moins qu’elle pointe du doigt la responsabilité des politiques de l’UE et de l’OTAN.
Face à la preuve incontestable de l’alignement des syndicats membres de la CES sur les politiques de l’oligarchie européenne (qui les finance généreusement), l’USB (Unión Sindical de Base) gagne de plus en plus en prestige.
Mais cela ne concerne pas uniquement l’Europe. Les craquements du système de pouvoir qui a consacré l’hégémonie des États-Unis après la Seconde Guerre mondiale sont déjà assourdissants, même si ceux-ci conservent leur puissance militaire et sont capables d’attaquer des pays comme le Venezuela.
Ses piliers fondamentaux étaient : le contrôle militaire et économique de l’Europe – l’OTAN et le plan Marshall – et la confrontation entre la Chine et l’URSS. Suivant la logique du géographe britannique Mc Kínder « celui qui contrôle le cœur de l’Eurasie contrôlera le monde » [4], l’hégémonie incontestable de Washington semblait assurée, surtout après l’effondrement de l’URSS. Le règne de la main invisible du marché – McDonald’s, Silicon Valley et Hollywood– était assuré par la main de fer, la suprématie militaire impériale incontestable[5]. C’était la fin de l’histoire selon Francis Fukuyama.
L’effondrement de l’URSS, longtemps mûri dans les structures de pouvoir soviétiques dégénérées, a marqué une grande défaite pour le prolétariat et les mouvements de libération du monde. Depuis la disparition du Pacte de Varsovie, quinze pays européens [6] ont rejoint l’OTAN, malgré l’opposition infructueuse de la Russie qui invoquait la trahison répétée des promesses de non-élargissement de l’Alliance vers l’est.
L’Ukraine devait être la prochaine pièce du puzzle pour boucler l’encerclement de la Russie par l’OTAN, mais elle est arrivée trop tard. D’autres alliances se sont formées et élargies depuis longtemps, fondées sur le respect de la souveraineté et le bénéfice mutuel. Ni plus, ni moins. Les pays membres des BRICS ne sont ni socialistes, ni omnipotents. Ils contribuent simplement de manière décisive à saper l’impérialisme anglo-saxon et européen qui est arrivé dans le monde en ruisselant de sang et de boue et n’a cessé de le faire. Les BRICS le font sans provoquer de coups d’État ni occuper de pays. Ils développent leurs relations économiques à travers la gigantesque Route de la soie, encouragent le commerce dans leurs monnaies nationales – sapant ainsi la domination du dollar –, tout cela sur la base de deux faits décisifs :
- la puissance économique et technologique de la Chine en tant que première puissance mondiale et
- la défaite militaire de l’OTAN face à la Russie en Ukraine.
Il ne fait aucun doute que le temps joue en faveur de la Chine et de la Russie. La course folle de Trump avec ses droits de douane contre la Chine n’est qu’un coup d’épée dans l’eau face à un géant. D’autre part, les tentatives pour forcer la signature d’un accord de paix en Ukraine se heurtent au mur d’une Russie consciente de sa supériorité militaire et armementiste. Moscou sait parfaitement que l’opération militaire spéciale lancée en 2022 doit marquer la fin d’une suprématie militaire impérialiste dirigée contre son existence. L’installation en Biélorussie de missiles « Oreshnik » équipés d’ogives nucléaires, impossibles à intercepter et capables d’atteindre les États-Unis en 15 minutes, montre clairement que la Russie dispose non seulement d’armes conventionnelles suffisantes pour mener une longue guerre contre l’OTAN, mais qu’elle est également prête à atteindre tous les objectifs nécessaires pour assurer son indépendance et sa souveraineté.
Le réarmement engendre une intensification de la lutte des classes dans l’UE, avec l’Italie en tête.
L’ordre mondial s’effondre et c’est là le théâtre de la lutte des classes, dont l’éclatement d’une grande conflagration mondiale n’est pas à exclure.
L’économie européenne est prise dans un cercle vicieux. Depuis des décennies, les gouvernements résolvent la crise de l’économie productive par des privatisations, des sauvetages (comme ceux des banques en 2010) ou des subventions plus ou moins dissimulées (Covid, Fonds Next Generation, etc.). En résumé, la production capitaliste était maintenue grâce à des transferts d’argent public; le libre marché n’était qu’un conte de fées. Aujourd’hui, la situation est dans une impasse. Les œufs d’or du budget public vont à l’industrie privée de l’armement, dont l’État est le seul client ; en d’autres termes, des milliards d’euros sortent d’un budget qui reçoit de moins en moins de recettes fiscales, car l’activité productive diminue. Il est évident que le résultat inévitable est la réduction des dépenses publiques pour financer une guerre perdue contre un ennemi inventé qui fait de moins en moins peur. Les conséquences ont commencé à se faire sentir et ne feront que s’amplifier. D’une part, l’UE se fracture alors que de plus en plus de pays s’opposent ouvertement à l’envoi d’argent et d’armes à l’Ukraine, ainsi qu’au vol des fonds souverains russes déposés dans l’UE. Ils menacent également de rompre si la règle de l’unanimité est enfreinte. D’autre part, et c’est le plus important, on assiste à la résurgence des mobilisations ouvrières et populaires dans l’UE. L’année 2025 s’est terminée par des grèves générales en Belgique, en France, au Portugal, en Grèce et en Italie. Dans tous les cas, sauf en Italie, les grèves ont été convoquées par les grands syndicats et, bien qu’elles aient été largement suivies, la dénonciation des coupes dans les services publics et les droits du travail n’a pas été accompagnée d’une dénonciation correspondante des dépenses militaires.
En Italie, le syndicat Unión Sindical de Base (USB) a appelé à une grève générale le 28 novembre qui a paralysé le pays et donné lieu à d’énormes mobilisations le samedi suivant [7]. Le slogan principal était : « Contre les budgets de guerre », déclarant inadmissibles le réarmement, les dépenses militaires excessives et la complicité du gouvernement dans le génocide du peuple palestinien, alors que les salaires et les dépenses sociales sont réduits. La plateforme revendicative comprenait une augmentation salariale, une échelle salariale mobile basée sur l’IPC, une réduction du temps de travail sans perte de salaire, tirant parti des gains d’efficacité et des délais réduits permis par la numérisation et les nouvelles possibilités organisationnelles. Plus important encore, elle se fixait comme objectif « l’action collective et de classe : transcender la logique sectorielle et agir comme un phare pour la mobilisation unie ».
Assumant leur rôle de leaders des luttes ouvrières à l’échelle européenne, grâce à leur capacité à mobiliser et, surtout, à leur capacité politique à relier la lutte contre le réarmement aux agressions contre la classe ouvrière et à la solidarité avec la résistance palestinienne, les travailleurs portuaires appellent à une grève générale à l’échelle européenne et méditerranéenne le 6 février prochain [8]. Ils dénoncent les réductions du temps de travail accompagnées de baisses de salaire, les suppressions d’emplois dues à l’automatisation, la détérioration des conditions de santé au travail et les atteintes aux libertés syndicales. L’importance politique de cette mobilisation est grande, dans la mesure où leur communiqué vise directement l’UE et l’OTAN, soulevant entre autres les questions suivantes :
- l’opposition au plan de réarmement de l’UE et l’arrêt du projet imminent de l’UE et des gouvernements européens visant à militariser les ports et les infrastructures stratégiques ; – blocage de toutes les livraisons d’armes depuis nos ports vers le génocide en Palestine et toute autre zone de guerre, et exigence d’un embargo commercial sur Israël de la part des gouvernements et des institutions locales.
Lorsque l’agressivité de l’impérialisme s’intensifie et que la lutte des classes s’exacerbe, nous devons nous rappeler que :
- • La dictature de la bourgeoisie impérialiste, surtout en période de crise capitaliste profonde, exacerbe sa force prédatrice contre la classe ouvrière et les peuples.
- • Face à elle, seule une force dotée d’une clarté politique et d’une détermination suffisantes est capable de générer l’unité anti-impérialiste indispensable.
- • Si l’on s’engage sur la voie de la révolution, de l’expropriation des expropriateurs et de la construction de nouvelles relations sociales qui mettent fin à l’exploitation du travail humain, seule la dictature du prolétariat ouvre des perspectives de victoire.
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[1]https://www.defensa.gob.es/ceseden/-/ieee/la-estrategia-seguridad-nacional-de-estados-unidos
[2]https://es.wikipedia.org/wiki/Corolario_de_Roosevelt
[3]https://es.investing.com/news/stock-market-news/industria-alemana-dice-que-el-pais-sufre-la-crisis-mas-profunda-desde-la- posguerra-3417414
[4]https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_Heartland
[5]» Pour que la mondialisation progresse, il est indispensable que les États-Unis agissent avec toute leur omnipotence. La main invisible du marché ne fonctionnera jamais sans le poing invisible. Mac Donald’s ne prospérera pas sans MacDonnell Douglas qui a construit le F15. Le poing invisible qui garantit un monde sûr pour la Silicon Valley s’appelle l’armée, l’aviatio (Thomas Friedman. The New York Times, 28-3-1999.) Citado en
https://www.lahaine.org/est_espanol.php/estado_de_guerra_angeles_maestro_2001
[6] La République fédérale d’Allemagne adhère à l’OTAN en 1955, violant ainsi les accords sur la démilitarisation de l’Allemagne conclus entre l’URSS, les États-Unis et la Grande-Bretagne. Après la chute de l’URSS, la RDA, à la suite de la réunification de l’Allemagne, fait de même en 1990. Le Pacte de Varsovie est dissous en 1991. Des documents déclassifiés des États-Unis et de l’URSS font état de négociations visant à ne pas poursuivre l’élargissement de l’OTAN vers l’est. En 1999, la Pologne, la Hongrie et la République tchèque rejoignent l’Alliance. En 2004, ce sont la Bulgarie, l’Estonie, la Lettonie, la Lituanie, la Roumanie, la Slovaquie et la Slovénie qui font de même. L’Albanie et la Croatie les rejoignent en 2009. En 2020, c’est au tour de la Macédoine du Nord ; en 2023, la Finlande et en 2024, la Suède. [7] Le récit passionnant du succès de ces mobilisations peut être consulté ici.: https://tesoro.usb.it/leggi-notizia/usb-e-la- mobilitazione-generale-contro-la-finanziaria-di-guerra-1725.html
[8] Le manifeste de la convocation, brillant exemple de conscience de classe, peut être consulté ici : Convocation pour une journée internationale d’action portuaire conjointe, le 6 février 2026. – Coordinación Núcleos Comunistas



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