[Francés]
[Inglés]
Ángeles Maestro
A las 24 horas de hacerse público el Plan de Paz de Trump para Ucrania, Zelenski dirige un mensaje a su pueblo en el que prácticamente anuncia que EE.UU. le ha dado un ultimátum: “o la pérdida de dignidad o el riesgo de perder un socio clave; 28 puntos complicados o un invierno extremadamente duro”1. Del conjunto del mensaje se deduce que “por duro que sea”, peor sería no aceptarlo.
En este sentido la difusión de las informaciones, precisamente ahora, sobre la corrupción de la cúpula de poder en Ucrania, Zelenski incluido, cuando es un hecho bien conocido desde hace años, ha servido de chantaje político para volcar las voluntades de la cúpula de Kiev hacia el acuerdo.
Acerca de la posición de Rusia no hay ningún misterio. Sus líneas rojas son las que planteó en Estambul en 2022 y que viene repitiendo desde entonces como objetivos innegociables de la Operación Militar Especial: protección de la población del Donbass y demás comunidades de lengua y cultura rusa, y desmilitarización, neutralidad y desnacificación de Ucrania. Todo ello en el marco de garantizar la seguridad de Rusia cercada militarmente de forma progresiva por la OTAN desde la desaparición de la URSS en 1991.
A pesar del silencio cauteloso del Kremlin ante la propuesta, o precisamente por eso, es evidente que el plan responde a lo acordado entre Putin y Trump en Alaska en su reunión del pasado mes de agosto.
Tanto entonces como ahora, ni Ucrania ni la UE han participado en la negociación; se les ha colocado ante hechos consumados.
El acuerdo pone a la UE en una situación especialmente complicada por cuanto el eje central de su política gira en torno a la prolongación de la guerra en Ucrania “hasta el último ucraniano”, al tiempo que se arma hasta los dientes para una guerra de la OTAN contra Rusia en plazo de pocos años. En realidad, uno de los ejes de esa estrategia es inyectar cantidades descomunales de dinero público a la industria armamentística, intentando así paliar la desindustrialización que asola a la UE. El otro es la militarización y la intensificación de la represión de unos pueblos que empiezan a rebelarse ante el paro creciente y el deterioro de sus vidas, y a apuntar con huelgas generales contra la economía de guerra.
Para justificar semejante desatino se ha puesto en marcha una asfixiante propaganda de guerra basada en la demonización de Rusia. Ayer mismo, Andrius Kubilius, Comisario de Defensa de la UE, afirmaba que en “dos años o tres Rusia podría atacar aeropuertos españoles y afectar gravemente al turismo”2; y hace dos días el Jefe de Estado Mayor de Francia declaraba que la población debía prepararse para ver morir a sus hijos en la guerra contra Rusia3.
No cabe duda de que el Plan de Paz en Ucrania es un poderoso torpedo en la línea de flotación de la UE. El hundimiento de la cotización en bolsa de las empresas de armamento refleja la gravedad del asunto. La Comisión Europea y sus gobiernos se quedan sin el argumento central de que “Rusia nos va atacar a todos” con lo que justificaban la prioridad absoluta de la “seguridad” por encima de las pensiones, los servicios públicos, el trabajo o incluso la vida de los jóvenes.
Pero, ¿qué razones hay para que Estados Unidos haya presionado decisivamente a Ucrania para la implementación de un Plan de Paz que, en líneas generales, acepta los objetivos fundamentales de Rusia?
Desde luego nada tienen que ver con el supuesto pacifismo de un Trump dispuesto a ganarse el año próximo el premio Nobel de la Paz.
Las razones son las siguientes:
La primera es la constatación de la victoria clamorosa de Rusia en el frente de batalla a pesar de las ingentes cantidades de armamento, instructores militares y tropas especiales suministradas por la OTAN. Contra esta evidencia, el régimen de Kiev y la UE han estado inventando “victorias”, repetidas como loros por los medios de comunicación. Necesitaban esas mentiras, los de Zelenski para seguir recibiendo dinero, y la UE, para justificar esas mismas transfusiones de armas y de fondos públicos.
La segunda es que EE.UU, inmerso en una gravísima crisis económica, no puede seguir manteniendo a costa del presupuesto público el apoyo militar y económico a una guerra que no sólo no le conviene sino que, como veremos más adelante, contraviene sus intereses. Por otro lado, el negocio de su complejo militar-industrial está bien asegurado con una UE que ya se ha comprometido con Trump a comprar masivamente armas a la industria militar norteamericana. Si las usan o no, no es su problema.
La tercera es la que probablemente ha presionado más directamente para acabar con el conflicto a la mayor brevedad posible. Trump, como los gobiernos de la UE, es la terminal política de los intereses de las grandes multinacionales. La diferencia es que EE.UU tiene la capacidad de someter a la UE e imponer sus objetivos.
Una vez garantizados los beneficios de las grandes armamentísticas norteamericanas con los presupuestos europeos, los grandes fondos de inversión se aprestan a lanzarse sobre Ucrania.
Unos, como Blackrock, para “reconstruirla”. ¿Recuerdan Iraq?
Otros son propietarios de grandes extensiones de tierras en Ucrania cuya explotación no se compagina bien con la guerra. En este informe4, “se identifica a muchos inversores destacados, entre ellos Vanguard Group, Kopernik Global Investors, BNP Asset Management Holding, NN Investment Partners Holdings, propiedad de Goldman Sachs, y Norges Bank Investment Management, que gestiona el fondo soberano de Noruega. Varios grandes fondos de pensiones, fundaciones y dotaciones universitarias estadounidenses también han invertido en tierras ucranianas a través de NCH Capital, un fondo de capital privado con sede en Estados Unidos”.
Grandes multinacionales como Bayer-Monsanto, Cargill o Dupont tienen grandes intereses en la producción de semillas, pesticidas y fertilizantes.
Finalmente, EE.UU y Ucrania firmaron en julio pasado un acuerdo para la explotación de minerales estratégicos por parte de empresas de EE.UU. Con esa finalidad se creó un Fondo Común de Inversiones, con dotaciones económicas de ambos países, destinado a favorecer inversiones de empresas norteamericanas. Este acuerdo sobre “tierras raras”, clave para EE.UU, serviría como “reembolso” de los miles de millones de dólares transferidos por Washington a Ucrania.
Los datos anteriores explican con claridad que la fracción dominante de la oligarquía imperialista considera que, hoy por hoy, es un negocio más interesante vampirizar los recursos ucranianos, para lo cual necesitan que los misiles rusos dejen de caer sobre las infraestructuras ucranianas, que continuar la guerra. Su representante político, la administración republicana, ha jugado así también el papel de quitarse posibles competidores europeos, como Polonia, interesados en un supuesto reparto de Ucrania.
22 de noviembre de 2025
1Mensaje de Zelenski al pueblo: Este es uno de los momentos más difíciles en la historia de Ucrania
2https://as.com/actualidad/politica/la-advertencia-del-comisario-de-defensa-de-la-ue-rusia-puede-lanzar-drones-sobre-los-aeropuertos-espanoles-f202511-n/
3https://www.france24.com/es/francia/20251120-frente-a-los-alcaldes-de-francia-el-jefe-del-estado-mayor-prepara-a-la-poblaci%C3%B3n-para-la-guerra
4https://www.oaklandinstitute.org/sites/default/files/files-archive/takeover-ukraine-agricultural-land.pdf
[Francés]
Les contradictions entre l’UE et les États-Unis et le Plan de Paix de Trump pour l’Ukraine
Ángeles Maestro
24 heures après la publication du Plan de Paix de Trump pour l’Ukraine, Zelenski adresse un message à son peuple dans lequel il annonce pratiquement que les États-Unis lui ont lancé un ultimatum : « soit la perte de dignité, soit le risque de perdre un partenaire clé ; 28 points compliqués ou un hiver extrêmement rude »1. Il ressort de l’ensemble du message que « aussi dur que cela puisse être », il serait pire de ne pas l’accepter.
En ce sens, la diffusion d’informations, précisément maintenant, sur la corruption des dirigeants ukrainiens, y compris Zelenski, alors que c’est un fait bien connu depuis des années, a servi de chantage politique pour faire basculer la volonté des dirigeants de Kiev en faveur de l’accord
En ce qui concerne à la position de la Russie, il n’y a rien de mystérieux. Ses lignes rouges sont celles qu’elle a énoncées à Istanbul en 2022 et qu’elle répète depuis lors comme objectifs non négociables de l’opération militaire spéciale : protection de la population du Donbass et des autres communautés de langue et de culture russes, la démilitarisation, la neutralité et la dénazification de l’Ukraine. Tout cela dans le cadre de la garantie de la sécurité de la Russie progressivement encerclée militairement par l’OTAN depuis la disparition de l’URSS en 1991.
Malgré le prudent silence du Kremlin face à cette proposition, ou précisément à cause de cela, il est évident que ce plan correspond à ce qui a été convenu entre Poutine et Trump en Alaska lors de leur rencontre en août dernier.
À l’époque comme aujourd’hui, ni l’Ukraine ni l’UE n’ont participé aux négociations; elles ont été mises devant le fait accompli.
Cet accord place l’UE dans une situation particulièrement délicate dans la mesure où l’axe central de sa politique consiste à prolonger la guerre en Ukraine « jusqu’au dernier Ukrainien », tout en s’armant jusqu’aux dents en vue d’une guerre de l’OTAN contre la Russie dans quelques années. En réalité, l’un des axes de cette stratégie consiste à injecter des sommes colossales d’argent public dans l’industrie de l’armement, afin de tenter de pallier la désindustrialisation qui ravage l’UE. L’autre axe est la militarisation et l’intensification de la répression contre les peuples qui commencent à se rebeller contre le chômage croissant et la détérioration de leurs conditions de vie et menacent de mener des grèves générales contre l’économie de guerre.
Pour justifier une telle folie, une propagande de guerre étouffante basée sur la diabolisation de la Russie a été mise en place. Hier encore, Andrius Kubilius, commissaire européen à la défense, affirmait que « dans deux ou trois ans, la Russie pourrait attaquer des aéroports espagnols et nuire gravement au tourisme »2 ; et il y a deux jours, le chef d’état-major français déclarait que la population devait se préparer à voir ses enfants mourir dans la guerre contre la Russie3.
Il ne fait aucun doute que le Plan de Paix en Ukraine est une torpille puissante dans la ligne de flottaison de l’UE. L’effondrement de la cotation en bourse des entreprises d’armement reflète la gravité de l’affaire. La Commission européenne et ses gouvernements se retrouvent sans l’argument central que «la Russie nous attaquera tous», justifiant ainsi la priorité absolue de la «sécurité» par rapport aux retraites, aux services publics, au travail ou même à la vie des jeunes..
Mais quelles sont les raisons pour lesquelles les États-Unis ont exercé une pression décisive sur l’Ukraine pour la mise en œuvre d’un Plan de Paix qui, dans ses grandes lignes, accepte les objectifs fondamentaux de la Russie?
En tout cas, elles n’ont rien à voir avec le soi-disant pacifisme d’un Trump désireux de gagner l’année prochaine le prix Nobel de la paix.
Les raisons sont les suivantes :
La première est le constat de la victoire éclatante de la Russie sur le front malgré l’énorme quantité d’armes, d’instructeurs militaires et de troupes spéciales fournies par l’OTAN. Contre cette évidence, le régime de Kiev et l’UE ont inventé des «victoires» répétées comme des perroquets par les médias occidentaux. Ils avaient besoin de ces mensonges les alliés de Zelenski pour continuer à recevoir de l’argent, ainsi que l’UE, pour justifier ces mêmes transferts d’armes et de fonds publics.
La deuxième raison est que les États-Unis, plongés dans une crise économique très grave, ne peuvent plus continuer à financer, aux dépens de fonds publics, le soutien militaire et économique à une guerre qui non seulement ne leur convient pas, mais qui, comme nous le verrons plus loin, va à l’encontre de leurs intérêts. D’autre part, les affaires de son complexe militaro-industriel sont bien assurées avec une UE qui s’est déjà engagée auprès de Trump à acheter massivement des armes à l’industrie militaire américaine. Qu’elles soient utilisées ou non, ce n’est pas son problème.
La troisième est probablement celle qui a exercé la pression la plus directe pour mettre fin au conflit le plus rapidement possible. Trump, tout comme les gouvernements de l’UE, est le terminal politique des intérêts des grandes multinationales. La différence est que les États-Unis ont la capacité de soumettre l’UE et d’imposer leurs objectifs.
Une fois les bénéfices des grandes industries d’armement américaines garantis par les budgets européens, les grands fonds d’investissement s’apprêtent à se lancer sur l’Ukraine.
Certains, comme Blackrock, pour la « reconstruire ». Vous vous souvenez de l’Irak ?
D’autre part, il y a les propriétaires de vastes étendues de terres en Ukraine dont l’exploitation n’est pas compatible avec la guerre. Ce rapport4 «identifie de nombreux investisseurs de premier plan, notamment Vanguard Group, Kopernik Global Investors, BNP Asset Management Holding, NN Investment Partners Holdings, propriété de Goldman Sachs, et Norges Bank Investment Management, qui gère le fonds souverain norvégien. Plusieurs grands fonds de pension, fondations et dotations universitaires américains ont également investi dans des terres ukrainiennes par l’intermédiaire de NCH Capital, un fonds de capital-investissement basé aux États-Unis.
De grandes multinationales telles que Bayer-Monsanto, Cargill ou Dupont ont des intérêts importants dans la production de semences, de pesticides et d’engrais.
Enfin, les États-Unis et l’Ukraine ont signé en juillet dernier un accord pour l’exploitation de minerais stratégiques par des entreprises américaines. À cette fin, un fonds commun d’investissement a été créé, avec des contributions financières des deux pays, destiné à favoriser les investissements des entreprises américaines. Cet accord sur les « terres rares », essentiel pour les États-Unis, servirait de « remboursement » des milliards de dollars transférés par Washington à l’Ukraine.
Les données ci-dessus expliquent clairement que la fraction dominante de l’oligarchie impérialiste considère qu’il est aujourd’hui plus intéressant de vampiriser les ressources ukrainiennes, ce qui nécessite que les missiles russes cessent de tomber sur les infrastructures ukrainiennes, plutôt que de poursuivre la guerre. Son représentant politique, l’administration républicaine, a ainsi également joué le rôle d’éliminer d’éventuels concurrents européens, comme la Pologne, intéressés par un supposé partage de l’Ukraine.
22 novembre 2025
1Mensaje de Zelenski al pueblo: Este es uno de los momentos más difíciles en la historia de Ucrania
2https://as.com/actualidad/politica/la-advertencia-del-comisario-de-defensa-de-la-ue-rusia-puede-lanzar-drones-sobre-los-aeropuertos-espanoles-f202511-n/
3https://www.france24.com/es/francia/20251120-frente-a-los-alcaldes-de-francia-el-jefe-del-estado-mayor-prepara-a-la-poblaci%C3%B3n-para-la-guerra
4https://www.oaklandinstitute.org/sites/default/files/files-archive/takeover-ukraine-agricultural-land.pdf
As contradições UE-EUA e o Plano de Paz de Trump para a Ucrânia
Ángeles Maestro [*]

Vinte e quatro horas após a divulgação do Plano de Paz de Trump para a Ucrânia, Zelenski dirige uma mensagem ao seu povo na qual praticamente anuncia que os EUA lhe deram um ultimato: «ou a perda da dignidade ou o risco de perder um parceiro fundamental; 28 pontos complicados ou um inverno extremamente rigoroso»[1]. Do conjunto da mensagem deduz-se que «por mais difícil que seja», pior seria não aceitá-la.
Nesse sentido, a divulgação de informações, precisamente agora, sobre a corrupção da cúpula do poder na Ucrânia, incluindo Zelenski, quando é um facto bem conhecido há anos, serviu como chantagem política para inclinar a vontade da cúpula de Kiev para o acordo.
Sobre a posição da Rússia, não há nenhum mistério. As suas linhas vermelhas são as que foram apresentadas em Istambul em 2022 e que vêm sendo repetidas desde então como objetivos inegociáveis da Operação Militar Especial: proteção da população do Donbass e de outras comunidades de língua e cultura russas, e desmilitarização, neutralidade e desnazificação da Ucrânia. Tudo isto no âmbito da garantia da segurança da Rússia, cercada militarmente de forma progressiva pela NATO desde o desaparecimento da URSS em 1991.
Apesar do silêncio cauteloso do Kremlin perante a proposta, ou precisamente por isso, é evidente que o plano responde ao acordado entre Putin e Trump no Alasca, na sua reunião do passado mês de agosto.
Tanto então como agora, nem a Ucrânia nem a UE participaram nas negociações; foram colocadas perante factos consumados.
O acordo coloca a UE numa situação especialmente complicada, na medida em que o eixo central da sua política gira em torno do prolongamento da guerra na Ucrânia «até ao último ucraniano», ao mesmo tempo que se arma até aos dentes para uma guerra da NATO contra a Rússia dentro de poucos anos. Na realidade, um dos eixos dessa estratégia é injetar quantias colossais de dinheiro público na indústria armamentista, tentando assim paliar a desindustrialização que assola a UE. O outro é a militarização e a intensificação da repressão de alguns povos que começam a rebelar-se contra o desemprego crescente e a deterioração das suas vidas, e a apontar com greves gerais contra a economia de guerra.
Para justificar tal loucura, foi lançada uma propaganda de guerra sufocante baseada na demonização da Rússia. Ainda ontem, Andrius Kubilius, Comissário da Defesa da UE, afirmou que «em dois ou três anos, a Rússia poderia atacar aeroportos espanhóis e afetar gravemente o turismo»[2]; e há dois dias, o Chefe do Estado-Maior da França declarou que a população devia preparar-se para ver os seus filhos morrerem na guerra contra a Rússia[3].
Não há dúvida de que o Plano de Paz na Ucrânia é um poderoso torpedo na linha de flutuação da UE. A queda das cotações na bolsa das empresas de armamento reflete a gravidade da situação. A Comissão Europeia e os seus governos ficam sem o argumento central de que «a Rússia vai atacar-nos a todos», com o qual justificavam a prioridade absoluta da «segurança» acima das pensões, dos serviços públicos, do trabalho ou mesmo da vida dos jovens.
Mas que razões há para os Estados Unidos terem pressionado decisivamente a Ucrânia para a implementação de um Plano de Paz que, em linhas gerais, aceita os objetivos fundamentais da Rússia?
Certamente nada tem a ver com o suposto pacifismo de um Trump disposto a ganhar o Prémio Nobel da Paz no próximo ano.
As razões são as seguintes:
A primeira é a constatação da vitória retumbante da Rússia na frente de batalha, apesar das enormes quantidades de armamento, instrutores militares e tropas especiais fornecidas pela NATO. Contra esta evidência, o regime de Kiev e a UE têm inventado «vitórias», repetidas como papagaios pelos meios de comunicação social. Precisavam dessas mentiras, os de Zelenski para continuar a receber dinheiro, e a UE, para justificar essas mesmas transfusões de armas e fundos públicos.
A segunda é que os EUA, imersos numa crise económica gravíssima, não podem continuar a manter, às custas do orçamento público, o apoio militar e económico a uma guerra que não só não lhes convém, mas que, como veremos mais adiante, contraria os seus interesses. Por outro lado, o negócio do seu complexo militar-industrial está bem assegurado com uma UE que já se comprometeu com Trump a comprar armas em grande quantidade à indústria militar norte-americana. Se as usam ou não, não é problema seu.
A terceira é a que provavelmente pressionou mais diretamente para acabar com o conflito o mais rapidamente possível. Trump, tal como os governos da UE, é o terminal político dos interesses das grandes multinacionais. A diferença é que os EUA têm a capacidade de subjugar a UE e impor os seus objetivos.
Uma vez garantidos os lucros das grandes empresas de armamento norte-americanas com os orçamentos europeus, os grandes fundos de investimento preparam-se para se lançar sobre a Ucrânia.
Alguns, como a Blackrock, para a «reconstruir». Lembram-se do Iraque?
Outros são proprietários de grandes extensões de terras na Ucrânia, cuja exploração não se coaduna bem com a guerra. Neste relatório[4], «são identificados muitos investidores de destaque, entre os quais o Vanguard Group, a Kopernik Global Investors, a BNP Asset Management Holding, a NN Investment Partners Holdings, propriedade da Goldman Sachs, e a Norges Bank Investment Management, que gere o fundo soberano da Noruega. Vários grandes fundos de pensões, fundações e fundos universitários americanos também investiram em terras ucranianas através da NCH Capital, um fundo de capital privado com sede nos Estados Unidos.
Grandes multinacionais como a Bayer-Monsanto, a Cargill ou a Dupont têm grandes interesses na produção de sementes, pesticidas e fertilizantes.
Por fim, os EUA e a Ucrânia assinaram em julho passado um acordo para a exploração de minerais estratégicos por empresas americanas. Para esse fim, foi criado um Fundo Comum de Investimentos, com dotações económicas de ambos os países, destinado a favorecer os investimentos de empresas americanas. Este acordo sobre «terras raras», fundamental para os EUA, serviria como «reembolso» dos milhares de milhões de dólares transferidos por Washington para a Ucrânia.
Os dados anteriores explicam claramente que a fração dominante da oligarquia imperialista considera que, atualmente, é mais interessante explorar os recursos ucranianos, para o que precisam que os mísseis russos parem de cair sobre as infraestruturas ucranianas, do que continuar a guerra. O seu representante político, a administração republicana, também desempenhou o papel de eliminar possíveis concorrentes europeus, como a Polónia, interessados numa suposta divisão da Ucrânia.
[1] Mensagem de Zelenski ao povo: Este é um dos momentos mais difíceis da história da Ucrânia
[2] as.com/actualidad/politica/la-advertencia-del-comisario-de-defensa-de-la-ue-rusia-puede-lanzar-drones-sobre-los-aeropuertos-espanoles-f202511-n/
[3] www.france24.com/es/francia/20251120-frente-a-los-alcaldes-de-francia-el-jefe-del-estado-mayor-prepara-a-la-poblaci%C3%B3n-para-la-guerra
[4] www.oaklandinstitute.org/sites/default/files/files-archive/takeover-ukraine-agricultural-land.pdf
22/Novembro/2025
[Inglés]
U.S. – EU contradictions regarding ending Ukraine war
By Ángeles Maestro (guest author) posted on November 25, 2025
A former member of Spain’s federal parliament, author Ángeles Maestro is a leading spokesperson of the Coordinación Núcleos Comunistas.
Translation: John Catalinotto
November 22, 2025
Twenty-four hours after Trump’s Peace Plan for Ukraine was made public, Ukraine President Volodymyr Zelensky addressed his people in a message in which he practically announced that the U.S. had given him an ultimatum: “Either accept a loss of dignity or risk losing a key partner; 28 complicated points or an extremely harsh winter.” The overall message suggests that “as hard as it may be,” it would be worse to reject it.

Ángeles Maestro
In this regard, the dissemination of information, precisely now, about corruption among Ukraine’s leadership, including Zelensky, when this corruption has been a well-known fact for years, has served as political blackmail to sway the leadership in Kiev toward accepting the agreement.
There is no mystery about Russia’s position. Its red lines are those it set out in Istanbul in 2022. Russia has repeated them ever since as non-negotiable objectives of the Special Military Operation: protection of the population of Donbass and other Russian-speaking and Russian-culture communities and demilitarization, neutrality and denazification of Ukraine. All this is within the framework of guaranteeing the security of Russia, which has been progressively surrounded militarily by NATO since the disappearance of the USSR in 1991.
Despite the Kremlin’s cautious silence on the proposal, or precisely because of it, it is clear that the plan is in line with what was agreed between Putin and Trump in Alaska at their meeting last August.
Then as now, neither Ukraine nor the European Union has participated in the negotiations; they have been presented with a fait accompli.
The agreement puts the EU in a particularly complicated situation, as the central axis of its policy revolves around prolonging the war in Ukraine “until the last Ukrainian,” while arming itself to the teeth for a NATO war against Russia within a few years.
In reality, one of the cornerstones of this strategy is to inject huge amounts of public money into the arms industry in an attempt to ease the deindustrialization that is ravaging the EU. The other is the militarization and intensification of repression of some people who are beginning to rebel against growing unemployment and the deterioration of their lives and to target the war economy with general strikes.
Demonization of Russia
To justify such folly, a suffocating war propaganda campaign based on the demonization of Russia has been launched. Just yesterday, EU Defense Commissioner Andrius Kubilius said, “In two or three years, Russia could attack Spanish airports and seriously affect tourism.” (as.com, Nov. 21) And two days ago, the French Chief of Staff declared that the population should prepare to see their children die in the war against Russia.
There is no doubt that the Peace Plan in Ukraine is a powerful torpedo headed at the EU’s waterline. The collapse of arms companies’ stock market prices reflects the seriousness of the matter. The European Commission and its governments are left without the central argument that “Russia is going to attack us all,” which they used to justify the absolute priority of “security” over pensions, public services, jobs and even the lives of young people.
But what reasons are there for the United States to have put decisive pressure on Ukraine to implement a peace plan that, broadly speaking, accepts Russia’s fundamental objectives?
Certainly, they have nothing to do with the supposed pacifism of Trump wanting to win the Nobel Peace Prize next year.
The reasons are as follows:
The first is the confirmation of Russia’s resounding victory on the battlefield despite the huge amounts of weapons, military instructors and special troops supplied by NATO. Confronted with this evidence of defeat, the Kiev regime and the EU have been inventing “victories,” which the media repeats like parrots. Zelensky’s people needed these lies to continue receiving money, and the EU needed them to justify these same transfusions of weapons and public funds.
The second is that the U.S., immersed in a very serious economic crisis, cannot continue to maintain military and economic support for a war at the expense of the public budget. Not only does the war not suit U.S. interests, but, as we will see later, is contrary to them. On the other hand, the business of its military-industrial complex is well secured with an EU that has already pledged to Trump that it will buy weapons on a massive scale from the U.S. military industry. Whether or not they use them is not Washington’s problem.
Political last resort for transnational firms
The third is the one that has probably exerted the most direct pressure to end the conflict as soon as possible. Trump, like the EU governments, is the political last resort for the interests of large multinationals. The difference is that the U.S. has the capacity to subjugate the EU and impose its objectives.
Once the profits of the big U.S. arms manufacturers have been guaranteed with European budgets, the big investment funds are preparing to pounce on Ukraine.
Some, like Blackrock, to “rebuild” it. Remember Iraq?
Others own large tracts of land in Ukraine, the exploitation of which is not compatible with war. This Oakland Institute report “identifies many prominent investors, including Vanguard Group, Kopernik Global Investors, BNP Asset Management Holding, NN Investment Partners Holdings, owned by Goldman Sachs, and Norges Bank Investment Management, which manages Norway’s sovereign wealth fund. Several large U.S. pension funds, foundations, and university endowments have also invested in Ukrainian land through NCH Capital, a U.S.-based private equity fund.” (“War and Theft: The Takeover of Ukraine’s Agricultural Land,” oaklandinstitute.org, 2023.)
Large multinationals such as Bayer-Monsanto, Cargill, and Dupont have major interests in the production of seeds, pesticides, and fertilizers.
Finally, last July, the U.S. and Ukraine signed an agreement for the exploitation of strategic minerals by U.S. companies. To this end, a mutual investment fund was created, with financial contributions from both countries, aimed at promoting investment by U.S. companies. This agreement on “rare earths,” which is key for the U.S., would serve as a “reimbursement” for the billions of dollars transferred by Washington to Ukraine.
The above data clearly explains that the dominant faction of the imperialist oligarchy considers that, at present, it is more profitable to exploit Ukrainian resources. To do this they need Russian missiles to stop falling on Ukrainian infrastructure, rather than continuing the war. The oligarchy’s political representative, the Republican administration, has thus also played the role of removing potential European competitors interested in a supposed division of Ukraine, such as Poland.



Dejar una respuesta