Internacional

Gaza en el proyecto imperialista

Artículo publicado en la revista n.º 2 ConCiencia de Clase.

La aniquilación de Gaza en el camino de un nuevo siglo norteamericano

Leila Ghanem

antropóloga libanesa

Traducción : CNC

¿Se han convertido los palestinos en los pieles rojas de la historia?

El poeta palestino Mahmoud Darwish predijo en uno de sus poemas que «los palestinos iban a ser los nuevos pieles rojas de la Historia». Por entonces yo no sabía que su revista, El-Karmel, había publicado un relato histórico sobre los indígenas de América del Norte; una historia que muestra muchas semejanzas en la trayectoria de los dos calvarios. Parece incluso que un mercader de esclavos y explorador italiano, Cristóbal Colón (1451-1506), habría dicho haber descubierto los tesoros en oro del rey Salomón en América latina y suplicaba al rey de España que los empleara en la liberación de Jerusalén; y es verdad que en sus memorias se le ve muy interesado en Jerusalén y en su «liberación».

De los 371 tratados firmados por Estados Unidos con los indios rojos1, no se cumplió ni uno. La mayoría de estos tratados contenían disposiciones sobre algo así como la creación de un estado, el respeto a las fronteras, la soberanía y la independencia de tal o cual pueblo indio. Irónicamente a este «Estado indio» se le dio el nombre de Caná indio; justamente el nombre histórico de Palestina.

Los amerindios estuvieron más de 200 años con el alma en vilo por este su supuesto Estado hasta que descubrieron que su sueño no había sido más que una pesadilla. Al final se dieron cuenta de que habitaban en un campo de muerte lenta, o en una u otra forma de genocidio parecido al que se puso en práctica con el pueblo palestino desde la masacre de Deir Yassin hasta la de Gaza pasando por la de Al-Tantura y la de tantos otros pueblos.

Las negociaciones de París en el Cairo : los mismos objetivos de la guerra

Estados Unidos, desde el 7 de octubre de 2023, no ha retrocedido ni un milímetro en sus objetivos, a saber:

  1. Frenar a Hamás militar y políticamente
  2. Hacer de Gaza una zona desmilitarizada
  3. Liberar a los rehenes israelíes sin condiciones

Las negociaciones que tuvieron lugar en París el 23 de febrero último han revelado que Estados Unidos estaba haciendo una maniobra diplomática, sin desviarse de estos objetivos, por razones puramente electoralistas y sobre todo para lavarse la cara salpicada por sus crímenes en Gaza.

De entrada hay que recordar que Estados Unidos no es un simple cómplice en el genocidio perpetrado contra los palestinos, sino que está de hoz y coz implicado en él como socio desde el mismo 7 de octubre dirigiendo directamente las operaciones, no solo con sus 2000 hombres de la fuerza Delta, sino también con el apoyo decisivo del puente aéreo de armas y mercenarios por tierra, mar y aire, y especialmente con la alta tecnología y los satélites (según Hezbollah hay 24 satélites sobrevolando la frontera libanesa con Israel), así como con la utilización de la inteligencia artificial que ha venido a ser un arma de guerra virulenta contra los comandos de la resistencia libanesa que ha perdido más de 200 combatientes de élite en la zona fronteriza. Invencible en las batallas clásicas, Hezbollah ha tenido que adoptar nuevos métodos entre los cuales el más sencillo fue prohibir a sus militantes llevar consigo móviles fácilmente detectables. No obstante, Hezbollah ha podido neutralizar todas las bases militares en una zona de 40 kilómetros al interior de la Palestina ocupada. Las colonias del norte han tenido que ser desalojadas de sus ocupantes.

Las negociaciones de París del 23 de febrero, fueron calificadas el día 25 de positivas por Jake Sullivan, consejero del presidente Biden. Declaró que se había acordado y aprobado por parte de Hamás que negociaba indirectamente a través de Qatar, así como por Egipto y por los israelíes representados por una delegación conjunta dirigida por el Mossad y el Shaback, un «punto de coincidencia» en tres fases o periodos.

La primera fase implicaba:

  • Una tregua de 6 semanas con la liberación de 40 rehenes israelíes. Prioritariamente niños, mujeres (algunas son soldados) y enfermos, a cambio de 400 prisioneros políticos palestinos de entre los más jóvenes y los de más edad así como todas las mujeres presas.
  • Retirada del ejército israelí de las zonas densamente pobladas (Khan Younès, Gaza ciudad, Rafah), lo que permitiría a los habitantes, sobre todo a los del norte de la franja, volver a sus hogares.
  • Aumento de la ayuda humanitaria para los necesitados de Gaza

La segunda fase consistía en:

  • Continuar liberando rehenes
  • Prolongar el cese el fuego durante un periodo más largo de 6 meses

La tercera fase planteaba:

. La negociación sobre la propuesta norteamericana con la solución de dos estados.

Es precisamente aquí donde más explícitamente se ve la estrategia norteamericana ya que descarta completamente cualquier participación de Hamás; propone cuatro puntos:

  • Renovación de la autoridad palestina, es decir, encontrar a otro personaje distinto del actual presidente Mahmud Abbas, contestado por su pueblo debido a su pusilanimidad ante las exigencias de los israelíes, y remplazarlo por una persona cuyo principal papel sea asegurar la seguridad de Israel.
  • Desarme de Gaza
  • Reforzar los lazos con Arabia Saudita e Israel según las Acuerdos de Abraham, también llamados «Paz y Prosperidad», que quería imponer Israel como catalizador de una amplia zona de libre cambio abierta a los países del Golfo que ya han normalizado sus relaciones con Israel, es decir, Egipto, (Acuerdos de Camp David) y Jordania (Acuerdos de Araba). Entre los objetivos, una palabra mágica fue pronunciada : la constitución de una especie de OTAN árabe liderada por Israel para controlar los pasos marítimos ;

Ante este escenario terrorífico para el pueblo palestino, pero también para los pueblos de la región, se puede comprender por qué Hamás actuó el 7 de octubre, con el fin de parar este proceso de puesta en marcha de un proyecto que pretendía borrar del mapa a Palestina; en esta estratagema Hamás era un obstáculo.

Ahora bien, a pesar de las conversaciones promovidas por Estados Unidos que piensan que pueden conseguir mediante negociaciones el mismo resultado que pretende su protegido, Israel continúa bombardeando a la población de Gaza y sigue afirmando que su ofensiva sobre Gaza no se detendrá sin haber destruido a Hamás. La sangrienta masacre, la llamada « masacre de la harina », no es más que un episodio destacado de la continuación del ciclo de la muerte que Israel ha emprendido con el fin de reducir el número de palestinos. Este objetivo de depuración étnica ya se había anunciado mucho antes del 7 de octubre; ya había comenzado en Cisjordania en 2021.

Israel acaba de anunciar su intención de emprender una operación terrestre en la ciudad densamente poblada de Rafah, situada al sur de la franja de Gaza, a pesar de las conversaciones en curso. Uno de los escenarios previstos consiste en continuar empujando a la población hambrienta hacia la línea fronteriza con Egipto, la zona llamada Filadelfia en las cercanías del paso de Rafah, amontonar a más de un millón y medio en un recinto de 64 kilómetros cuadrados y bombardear después todos los pasos fronterizos para obligar a la gente a huir de modo que Egipto se vea obligado a dejarla entrar. Por su parte, el presidente egipcio, El Sissi, ya recibió el premio con la entrega de 50 mil millones de dólares del Banco Mundial, de Arabia Saudita y de Los Emiratos. En el Sinaí, miles de tiendas de campaña y casas prefabricadas ya están preparadas. Será necesario implementar el proyecto de rehabilitación del puerto de Gaza para transportar a la población hacia África y América latina.

¿Por qué Estados Unidos está implicado directamente en esta guerra?

Un mes antes del «diluvio de Al-Aqsa», Netanyahu presentó ante la Asamblea General de la ONU un mapa de lo que él llamó « Nuevo Oriente Medio » que comprendía en verde oscuro a Egipto, Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Bahréin y Jordania ; y todo el territorio de Palestina, comprendidas Cisjordania y Gaza, en azul.

Tres días después del 7 de octubre, en su peregrinaje a Jerusalem ocupada, Biden inauguraba su guerra genocida en Gaza repitiendo lo que en 1986 él mismo había dicho ante Rosen Meir, la entonces embajadora de Israel en Washington: «Si no existiera Israel, nosotros lo hubiéramos inventado para proteger nuestros intereses en la región». Y añadió cínicamente: «Es la mejor inversión que podemos hacer al precio de 3 mil millones de dólares al año2»

Según sus declaraciones, la de 1986 y la de 2023 en la Jerusalem ocupada, Israel a los ojos de Biden no es más que una simple inversión para proteger los intereses norteamericanos en Medio Oriente, pero también un pilar fundamental para relanzar su proyecto de hegemonía norteamericana sobre «el orden internacional frente al proyecto chino de la Ruta de la Seda». Necesitaría también neutralizar a Rusia, tener sujetos a los árabes que ya tienen naturalizadas sus relaciones con Israel, y desmantelar los movimientos de liberación en el mundo del Sur (sobre todo en África).

De hecho Biden ya había maniobrado en los años 2021-2022 para quebrar a China en el Indo-Pacífico. En el G20 en Nueva Delhi dibujó junto con India una «Ruta india de las especias» con el fin de «cambiar a las reglas del juego», según sus propios términos, incluyendo en ella Arabia Saudita, Emiratos, pero también a Europa «desde el Mar de China, el Golfo de Bengala hasta el Mar de Arabia, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo».

Estancar a Rusia en Ucrania y la ampliación de la OTAN hasta la ex-Europa soviética y a países neutrales como Finlandia y Suecia, no son más que etapas de esta estratagema.

En la encrucijada entre Asia, Europa y África, la cumbre de Nueva Delhi convino en que Israel serviría de «base logística de distribución» para el mercado internacional neoliberal que funcionaría como «cadenas de aprovisionamiento» por las vías marítimas y terrestres.

La primera fase partiría del puerto indio de Bombay hasta el puerto de Dubái en los Emiratos Árabes Unidos siguiendo por ferrocarril hasta Arabia Saudita y Jordania hasta el puerto de Haifa, el puerto del Pireo y de aquí por corredores terrestres a Europa ; es la ruta desde Asia del Este a la Europa occidental.

El proyecto estipula también que otra ruta se bifurcaría desde Israel hacia el Mar Rojo, el Cuerno de África, África del Oeste hasta África central y África austral. Debería así permitir a las inversiones neoliberales norteamericanas y europeas en el continente africano el pillaje de sus materias primas, el control de tierras, aguas y alimentos, teniendo en cuenta que la riqueza africana equivale a la riqueza de Siberia como reserva alternativa de la mayor parte de la riqueza mundial en la segunda mitad del siglo XXI.

Destruir Gaza y exterminar a la población

Los esfuerzos de Netanyahu por volver a ocupar Gaza ya comenzaron en 2012 con las negociaciones con China para crear el « Puerto Ben Gurion » en Gaza, atraer inversiones chinas al puerto de Haifa y la construcción de un ferrocarril dentro de Gaza que uniera los puertos de Eliat y de Ashdod por «los alrededores de Gaza». Pero Estados Unidos paró en seco las maniobras de Netanyahu y acordó con Tel-Aviv relanzar el proyecto del canal Ben Gurion que atravesaría Gaza entre el Mar Rojo y el Mediterráneo, y construir un ferrocarril para unir el puerto de Eliat, en el golfo de Aqaba, con el Neguev ocupado.

Además de las conversaciones con 3 bancos americanos para « invertir » en el canal Ben Gurion al 1% de interés, empresas de exploración israelíes concluyeron un acuerdo con la entidad italiana « Eni » y la británica « Dana Petroleum », para invertir en el gas del campo « Gaza Marina » y la exploración petrolera en 2022. En este sentido, sociedades de inversión israelíes e internacionales planificaron la construcción de centros turísticos, hoteles, servicios de turismo y diversión en Gaza y todo a lo largo de la orilla del Mar Rojo con participación de Emiratos Árabes Unidos y el proyecto « Neom » saudí.

La larga ruta de norte a sur de Gaza que el ejército israelí cortó durante la guerra con los escombros de casas, de instalaciones civiles y hospitales palestinos, ya estaba trazada de antemano en los mapas de las inversiones de los carroñeros capitalistas en Gaza.

Un solo Estado es la única solución justa a la cuestión judía y a la cuestión palestina

La guerra americano-israelí contra Gaza se beneficia de un acuerdo total entre los países miembros de la OTAN y el Gobierno israelí con el fin de destruir la franja de Gaza y alcanzar los objetivos de la guerra : eliminar la resistencia y desarrollar proyectos supuestamente «de inversión y prosperidad ».

Las bombas norteamericanas sobre los 260 kilómetros cuadrados de Gaza duplican en número las bombas lanzadas sobre los 10.000 kilómetros cuadrados de Hiroshima. Los tres vetos norteamericanos, el del 18 de octubre de 2023, el de 6 de diciembre del mismo año y el del 20 de febrero de 2024, quedarán inscritos en la Historia como otros tantos crímenes de guerra norteamericanos pues no impidieron la efusión de sangre palestina y sí impidieron parar el genocidio de los gazatíes.

La única diferencia de matiz entre Netanyahu y Biden (que arriesga perder las elecciones, a tal punto está salpicado de sangre de Gaza), es la narrativa de la guerra. Biden se da cuenta muy bien de que en este caso Estados Unidos e Israel la han perdido a largo plazo. Según los especialistas en guerras, por ejemplo Jacques Baud que acaba de publicar un libro titulado «La derrota del vencedor», la narrativa es un elemento esencial en la estrategia de la guerra y que sin narrativa Israel no puede vencer. Ahora bien, según él, Israel va en contra del derecho internacional e incluso contra las convenciones de la guerra.

El proyecto sionista está basado en el relato de la antigua biblia, sin más legitimidad que la de la ONU que ni siquiera es legítima pues esta institución no tiene derecho a otorgar tierras de otro estado. En una palabra, Israel ha perdido hasta lo medular del proyecto sionista que era ofrecer un refugio tranquilo y próspero para los judíos del mundo.

Según Biden, sería perjudicial para Israel continuar masacrando a la población de Gaza con esa vehemencia. Para él la « solución final » a la cuestión palestina preconizada por Netanyahu, que es exterminar al pueblo palestino y expulsarlo de Gaza y de Cisjordania, es irrealizable y corre el riesgo de infligir a Israel una derrota estratégica que amenaza su existencia. Él prefiere la astucia política que consiste en «tomar en paz lo que no podemos obtener con la guerra». De ahí su propuesta de «dos estados» en continuidad con el espíritu de Oslo, lo que sería aun peor.

La administración Biden y los países de la OTAN aceptan la ocupación de Gaza y la perpetración de las masacres « necesarias para luchar contra el terrorismo », aunque reduciendo el número de muertes de mujeres y niños a largo plazo, de paso hacia una « fase de transición» bajo la supervisión de la administración norteamericana y de los países de la OTAN para garantizar la seguridad de Israel o, lo que lo mismo, la «solución de dos estados».

La guerra de exterminio en Gaza revela que la historia del eurocentrismo y del occidentalismo no es más que una continua serie de persecuciones y masacres. Revela que la resistencia armada en Palestina, en el Líbano y en Yemen converge con la resistencia del mundo del Sur en América latina y en África, sobre todo Sudáfrica, así como con el movimiento de solidaridad internacional en el Mundo frente a la barbarie.

Por el momento, Hamás sigue reivindicando una sola solución, la Palestina libre, para desmantelar la ocupación colonial y parar la limpieza étnica. Así lo ha anunciado este día su representante en Beirut, Osama Hamdan.

1(U.S. National Archives Index), citado por el historiador palestino Mounir Ekech, Aljazira

2Israel de hecho recibe, desde los Acuerdos de Camp David, 7 mil millones de dólares en concepto de ayuda oficial y 3 mil millones en donativos libres de impuestos.

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